Primeramente, reafirmar la idea de profundidad visual del proyecto original: Instalación Pictórica. Trabaja con casi cuarenta obras pintadas autónomamente, a las que llama pinturas-objeto y que instala y agrupa en el suelo, gracias a sus anchos bordes, crea una composición pictórica que adquiere volumen. Estas pequeñas instalaciones pictóricas conforman una familia de pinturas, y varias de estas "familias" conforman, a su vez, una enorme instalación pictórica. Dependiendo de donde se sitúe el visitante, éste podrá obtener diferentes visiones de la misma instalación. En segundo lugar, ampliar las posibilidades de este proyecto original aplicando la idea de una pintura que se expande y cuya materia pictórica se sale de su propio soporte: Pintura en Expansión. Estas pinturas, que además de colocarse en el suelo, también pueden colgarse en una pared, invitan en un siguiente paso, a extender su materia, como si “sangraran” o se expulsaran del propio cuadro, continuando su recorrido pictórico por el suelo, por la pared, desbordando los límites del propio cuadro. Pinceladas en movimiento que parecen querer escaparse de su propia matriz. En este caso, Reguera no sólo debe intervenir activamente para "componer" el campo pictórico visual antes citado, sino también para “disponer” esta materia en el espacio o soporte que rodea y/o sostiene a las obras y de las cuales brotan manchas de color. En definitiva, el reto de Reguera es establecer un diálogo entre la materia pictórica, el espacio expositivo y una actitud interactiva con el espectador.
Edita: Islamorada ediciones
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