LA NIÑA
Ah, la piedra contra la espalda,
La piedra fría.
El pavimento salpicado
Bajo mis pies.
Gris, negro, gris.
¿Y si cierro los ojos?
No ver…
Hubo una vez…
Y abre los ojos,
La niña los abre,
La sábana pegada a su cuerpo,
Indiferente, fea.
Y el aroma de su presencia
La aplasta contra
la cama estrecha, solitaria.
Se desliza por su carne inexperta
El quejido fino de la larva.
No hubo ningún ayer,
Más que en las perversas pupilas
De un Fobetor demasiado hambriento.
La niña quiere una manta.
Edita: Islamorada ediciones
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