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La Tristura - Actos de juventud

Los cuatro componentes de La tristura se conocen en Madrid en 2004 y comienzan a trabajar un año más tarde. Formados en el ámbito teatral, han centrado sus trabajos en la investigación de nuevos lenguajes escénicos, a través de la creación de mundos propios y de un uso cuidado de la palabra. Trabajan sobre el amor, la resistencia, el abandono y el dolor de los cuerpos. Tras su paso por Escena Contemporánea, presentan en La Cuarta Pared de Madrid “Actos de Juventud” que pone cierre a su trilogía del Fin del Mundo. (“La velocidad del padre, la velocidad de la madre”, “Años 90. Nacimos para ser estrellas” y “Actos de Juventud”).


¿Qué deseo nos lleva a pensar, en la juventud, que podemos vivir con los demás, que podemos entendernos, que podemos juzgarnos? ¿De dónde viene esa esperanza? La juventud es el tiempo de la comunicación, del camino hacia el otro. En la juventud el movimiento no tiene discusión, es físico, natural. ¿Es posible pensar juntos? ¿Puedo sufrir contigo?


Con motivo de nuestra invitación Celso Giménez, uno de los componentes de la compañía, hace unas preguntas al resto, uno a uno. Itsaso Arana, Pablo Fidalgo y Violeta Gil.


Celso –¿Cuál es tu primer recuerdo de La tristura?


Pablo –El primer momento en que soy consciente de en qué nos hemos metido es en Sevilla después de estrenar “La velocidad…”, tirados en el suelo de un barrio de las afueras. El Barça había perdido la Liga, el Celta había bajado a Segunda y nosotros intentábamos cargar una cruz de madera inmensa en el techo de una furgoneta.


Violeta –En la antigua casa de Celso y Pablo en Moratalaz. En el suelo de la cocina. Habíamos arrastrado a Itsaso hasta allí. Estaba con tres personas haciendo planes para cambiar el mundo, no sabía si se iba a tratar de algo serio y posible o si estábamos proponiendo derrumbar edificios enteros. Cuando Itsaso preguntó si lo que queríamos era hacer explosivos, pensé que estábamos hablando de algo real. Que aquello era un principio.


Itsaso –A veces, nos dibujo en fila, unos detrás de otros, con la mirada en el suelo. Quizá porque una de los primeros recuerdos que tengo de nosotros es cruzando un puente sobre la autopista, por una acera muy estrecha, de vuelta a casa, con la luz en los ojos, antes de que terminara el día.


Celso –¿Qué cineasta crees que ha influido más especialmente en “Actos de Juventud”?


Pablo –Pienso en Cassavetes, Philippe Garrel y Wong Kar-wai. Porque aunque digamos otra cosa, sólo hemos hecho una obra de amor. Es lo único que sabemos hacer. Urgencia, caricia y gesto. Estos son los cineastas que mejor han filmado la (im)posibilidad del amor, el agotamiento y la soledad irremediable de los amantes.


Violeta –En “Años 90” con Béla Tarr estaba mucho más claro. Ahora no se ve tan fácil. Creo que Gus van Sant ha sido importante en la distancia, porque su tiempo se ha metido en el nuestro, y su manera de grabar jóvenes se parece de algún modo a nuestra juventud, se parece a nuestro deseo de juventud y de belleza.


Itsaso –Víctor Erice, Jean-Luc Godard y John Cassavetes.


Celso –¿Te gusta el teatro? ¿Crees que lo haces se puede llamar así?


Pablo –La palabra teatro me hunde. Me llena de orgullo. Me hace ridículo. Me hace antiguo. Me hace el más moderno de todos. Pienso que lo que hago es materializar los conceptos. Los conceptos son materia, la materia es moderna. Los artistas no. Hago teatro, pero preferiría cantar.


Violeta –Estoy en frente de un montón de gente enseñándoles mi vida. Una tradición de siglos. Me he aprendido algo, pero hoy lo hago como si fuera la primera vez. Me gusta y lo odio. Después de actuar pienso que no debo volver a hacerlo jamás. Actúo amando a los que están en frente. Acabo sin fuerza para mirar a nadie.


Itsaso –Sí, me gusta mucho, veo obras de teatro cada día. Sería imbécil si no me gustara, aunque a veces lo pienso. El teatro deja de gustarme en la medida en que no me gusta la vida, o el mundo o yo misma. Pero hay días en que todo funciona/ Y suena la música/ Y nada más. Si el teatro es ponerse frente a los demás, lo que hacemos lo es. Supongo que es la única posibilidad.


Celso –¿Qué te hace detenerte en la calle?


Pablo –Me detiene en la calle la enfermedad y la violencia. Me detiene en la calle Alicia y los carteles de las películas. Los anuncios de viajes baratos, los puestos de libros robados. Me detiene Alejandra, el cielo de Madrid, las zanjas, los niños que juegan al fútbol en la Plaza del Reina Sofía. Me hacen detenerme los amantes muy guapos o muy feos.


Violeta –La luz por la tarde en Madrid. Un rostro extraño, alguien muy guapo, alguien deforme. Me hace pararme normalmente alguien que habla fuera de tiempo, alguien que está teniendo una escena íntima.


Itsaso –Un rodaje. El sol, el cielo. El desprecio. Una manifestación.


Celso –¿Por qué crees que las personas que ven “Actos de Juventud” sienten que es el final de La tristura?


Pablo –Recuerda, Celso, que nadie hizo caso al hombre que se paseaba por L´Aquila con un altavoz anunciando que iba a haber un terremoto. Nadie comprende que la belleza no tiene final.


Violeta –Porque es difícil exponer un recorrido en la escena, con principio y final, sin que parezca que nos estamos despidiendo.


Itsaso –Porque lo es. La producción de espectáculos no tiene sentido si no forma parte de un desarrollo vital natural. Después de estos años de trabajo juntos hemos cambiado mucho, hemos crecido y hemos experimentado la violencia del hecho teatral. No queremos pararnos ahí, debemos seguir haciéndonos las mismas preguntas cada día, quién quiero ser, qué quiero hacer, en qué mundo quiero vivir. Las respuestas nos llevarán a otra parte, aunque en este país seguir un camino propio suele conducir al desastre. Pienso en las palabras de Antonio Fernández Lera: Presiento que lo que se acerca es el final. De algo. El final de algo.


Actos de Juventud


La Cuarta Pared, Madrid.


Del 11 al 27 de marzo.


De jueves a sábado. 21:00 horas.


www.latristura.com





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Edita: Islamorada ediciones
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