Cuatro libritos blancos editados por Little, Brown Books –portada: fondo blanco, letras en negro, y una banda con los colores del arco iris en el lateral superior izquierdo; contaportada: blanca, abajo el código de barras, el ISBN, el precio –es lo único que durante su vida Jerome David Salinger (1.1.1919) quiso dejarnos a los lectores ávidos de su carne de papel y su sangre de tinta. ‘The Catcher in the Rye’ (1945); ‘Nine Stories’ (1953); ‘Franny and Zooey’ (1955); y’ ‘Raise High the Roof Bean, Carpenters and Seymour: An Introduction’ (1963). Breve y brillante como un haiku.
Decía el escritor Harold Brodkey que el trabajo literario de J.D. Salinger es el más influyente en la prosa inglesa desde que Hemingway pasara a mejor vida. La lista de escritores que dicen haber sido fuertemente influenciados por Salinger es larga: desde John Updike y el japonés Haruki Murakami hasta Philip Roth, pasando por nombres menos conocidos en nuestra tierra como Richard Yates, Aimee Bender, Susan Minot entre otros.
Salinger tiene muchos detractores en España. Consideran algunos su ‘El Guardián entre el Centeno’ como un libro menospreciable para adolescentes en el que no pasa nada, y que en esencia es un largo y aburrido lamento nihilista. Creo que estos críticos no han llegado a leer los demás libros del autor, pues en España son muy poco conocidos, o si han leído alguno de ellos, he oído comentar lo mismo: libros en los que no pasa nada, y todo es detalle nimio y aburrido.
Yo nunca he leído a Salinger en español, y dudo que lo haga, ni siquiera empujada por la curiosidad de saber la calidad de las traducciones, por lo cual no sé si las traducciones son tan pésimas que han destruido toda la magia y el genio literario del neoyorquino, cosa muy posible, no olvidemos lo de traduttore, traditore; pero no quepo en mi asombro al ver que en España, Salinger es tan despreciado, cuando en EE.UU. es tan altamente apreciado, por lo cual deduzco que quizás este desprecio, si no se debe a la ínfima calidad de las traducciones, se deba en gran parte a un problema cultural; es posible que la literatura de Salinger sea tan anglosajona (en su vertiente norteamericana) que no guste en España –tierra prometida del barroco excesivo, incomprensible, pajoso y pedante –; el estilo que se cultiva en EE.UU. es limpio, sencillo, pragmático y va directo al grano, no gustan ahí de florituras ni de retruécanos, como por estas tierras.
Los profesionales norteamericanos de la literatura consideran que los enérgicos diálogos realistas y secos de las historias de Salinger fueron revolucionarios, y muchos de los críticos y académicos piensan que su capacidad de escribir diálogos fue su mayor talento. En lo que están de acuerdo todos, es que Salinger tomó un camino propio e inició una tendencia, que luego muchos siguieron para adaptarla a sus peculiaridades individuales.
Sea como fuere, nunca he entendido que un ser humano aplaste con una crítica devastadora un libro por el mero hecho de que no le guste lo que cuenta. El argumento: ‘El escritor es malo porque no cuenta nada’ o ‘El escritor es malo porque dice tonterías’, no es válido desde el punto de vista de la crítica literaria; obviamente cada cual tiene derecho a decir lo que le plazca, pero no podemos tomar en serio a alguien que no separa los gustos personales de la apreciación de la calidad literaria (estilo, forma de narrar, cuerpo lingüístico). Un libro excelentemente escrito puede no gustarme nada, pero no por ello aclamo a los cuatro vientos que menuda mierda de literatura.
El lenguaje de Salinger, su inglés, es absolutamente brillante; lo domina como un monje Shaolin el kung fu: con la misma elegancia y fluidez, con la misma sensación de facilidad (siendo algo tan difícil de dominar) y energía casi supra-humana, y con la misma escalofriante precisión letal. Su capacidad de crear ambientes densos y vivos, con frases rápidas y agudas como latigazos, quita el aliento. Su precisión descriptiva, no sólo de lo físico (la ropa, el rostro, la habitación, la temperatura, la luz) sino también de lo anímico, es sublime; por eso, leer una y otra vez estos libros en los que “no pasa nada” es imprescindible y además, un placer de los que hay pocos. Salinger no es quizás un escritor que entretenga –gracias sean dadas –, es más bien un escritor que transporta al lector muy lejos más allá de la banalidad de la vida, y que enseña mucho, no sólo literatura, estilo, cómo escribir, sino también cómo vivir, porque sus libros provocan que uno mire hacia dentro. Y la ironía, ¿he dicho algo de su ironía? Salinger escribe con inteligencia e ironía; sus páginas son una deliciosa mezcla de ironía, indiferencia y cariño por sus personajes, y una dureza que acerca sus libros a la vida. Salinger escribe sobre cosas banales como un almuerzo entre un chico y una chica que se quieren; o la depresión que le entra a la chica y la conversación que mantiene con su hermano, y gracias a su pluma son todo menos banales. La sublimación de lo banal.
Salinger no es un pedante, a pesar de que su inglés sea difícil por la riqueza de su vocabulario, este creador está conectado directamente con el pulso excitante y peligroso de la vida, es auténtico, verdadero, un escritor de raza.
‘A Perfect Day for Bananafish,’ uno de sus relatos más famosos, perteneciente a la colección de relatos ‘Nine Stories’, tiene un final impresionante y espeluznante, es uno de los textos más conmovedores que jamás he leído: ocurre un suicidio, pero el ambiente en el que ocurre, es tan soleado, fresco y ligero que no es posible que tal ambiente rodee un suicidio; la contradicción que Salinger crea con su pluma en este párrafo es sublime, perfecta, como la vida misma en su mejor momento.
Podría seguir alabando la literatura de J.D. Salinger ad infinitum, pero terminaría siendo cansino, así que le cedo la palabra al maestro, y que me perdonen los lectores que no saben inglés, porque no puedo evitar citarlo en versión original.
“He glanced at the girl lying asleep on one of the twin beds. Then he went over to one of the pieces of luggage, opened it, and from under a pile of shorts and undershirts he took out an Ortgies caliber 7.65 automatic. He released the magazine, looked at it, then reinserted it. He cocked the piece. Then he went over and sat down on the unoccupied twin bed, looked at the girl, aimed the pistol, and fired a bullet through his right temple.”*
¿Decía alguien que nunca pasa nada?
¡Salinger ha muerto, larga vida a Salinger!
* (fragmento de ‘A Pefect Day for Bananafish’, de J.D. Salinger)
Edita: Islamorada ediciones
Publicidad: 607 738 033 · Redacción: 667 667 816 ·
MU no se hace responsable de las opiniones de nuestros colaboradores. MU es una marca registrada.