Coincidiendo con el esperado estreno en nuestras pantallas de su última película, Invictus, la editorial Lumen publica la biografía definitiva de Clint Eastwood. Un libro imprescindible para quienes deseen conocer más a fondo la vida y obra de uno de los cineastas norteamericanos más influyentes de las últimas décadas
Hubo un tiempo, del que quizás no sea fácil acordarse, en el que Clint Eastwood era considerado, por la industria y la crítica, como poco más que un actor inexpresivo y descerebrado que interpretaba películas sobresaturadas de testosterona y de evidentes tendencias políticas conservadoras. Un excelente material para la antropología y los estudios culturales. Al público, en cambio, parecían gustarle esos filmes. De hecho, para demostrar su carácter icónico basta con invocar el culto popular profesado a dos de sus papeles más célebres: “Rubio” (que precisamente sirve de imagen a la portada del libro), el pistolero silencioso de El Bueno, el feo y el malo (Il buono, il bruto, il cattivo, 1966), y el violento y procaz Harry Callahan, policía a imagen y semejanza de la era Nixon. Al imaginario cultural colectivo pertenecen ya el poncho y el puro del primero, y una de las réplicas más famosas de los años 70: «Alégrame el día».
Su obra como director, una treintena de películas bastante desigual, ha sido saludada a partir, sobre todo, de Sin perdón (Unforgiven, 1992) como la de un maestro, puente entre el clasicismo y la modernidad cinematográfica. Pues bien, Eastwood es, evidentemente, todo eso y mucho más: “un hombre como señala Patrick McGilligan diferente y más complicado que la imagen que de él proyecta su publicidad”. La suya es una figura que, como se sugiere en el libro, “nunca se ha desprendido de una cierta aura de misterio, sobre todo en lo que a su pasado se refiere”. Algo que las biografías de Stuart Kaminsky, Richard Schickel o Christopher Frayling, autorizadas e incluso oficiales, habían dejado, voluntariamente o no, en una discreta penumbra.
Ahora, por fin tenemos un retrato del personaje a su imagen y semejanza, es decir, repleto de claroscuros. Y es que nada parece escapar al concienzudo trabajo de documentación de McGilligan, historiador cinematográfico (responsable, entre otros, de libros como Tender Comrades y la serie Backstory) y biógrafo de personalidades de Hollywood tan suculentas como James Cagney, Jack Nicholson, George Cukor, Fritz Lang o Robert Altman. Manuscritos inéditos y archivos, entrevistas con amigos, familiares y colaboradores (que en muchos casos prestan por vez primera sus testimonios sobre el cineasta), reseñas y críticas son sólo algunos de los mimbres mediante los cuales el autor reconstruye una vida intensa y ambiciosa, llena de lagunas y salpicada por una vida amorosa repleta de conquistas. Normal que al propio Eastwood, quien puso todo tipo de trabas a la publicación del manuscrito, no le haya gustado. Así pues, del árbol genealógico del actor (omitido por completo no sólo por él mismo, sino también por la mayoría de sus anteriores biógrafos) al éxito y la admiración generada por sus últimas películas, todo está en el libro: su paso por la Escuela de Talentos de la Universal; sus primeros coqueteos con la fama gracias a la serie de televisión Rawhide; sus escarceos en el mundo de la canción; los spaghetti western en Italia y España; la huella indeleble de sus maestros, Sergio Leone y Don Siegel; su evolución de estrella de películas de acción (una de las más taquilleras de los años 70) a, parafraseando el epígrafe de uno de los últimos capítulos, Clint el «auteur»; sus tormentosas relaciones sentimentales, su paternidad ilegítima...
El reto de todo biógrafo es siempre alcanzar a la persona más allá de su imagen pública, de los simples datos y hechos históricos a partir de cuales se recompone su vida. Penetrar en su personalidad y mostrarla en toda su complejidad, sin miedo a dejar entrever las contradicciones individuales que todos poseemos. Pues bien, todo eso lo ha conseguido brillantemente McGilligan. Clint Eastwood es un retrato lúcido y distanciado, lleno de matices y repleto de pequeños detalles muy reveladores (marca de fábrica de su autor) que permiten apreciar cómo la vida y la carrera del cineasta “se reflejan en una obra que es un espejo de su personalidad y su carácter, sus ideas y valores”. Un libro, riguroso en sumo grado, que, como ha saludado acertadamente la crítica, se sitúa por el momento como la mejor y más fiable aportación a la clintología.
ENTREVISTA CON PATRICK McGILLIGAN:
¿Por qué Clint? ¿Qué era lo que más te interesaba de Eastwood: su vida, sus películas, la gente con la que ha colaborado?
He seguido con interés la carrera de Clint desde el principio. Proyecté los spaghetti westerns, las películas que hizo con Don Siegel, Escalofrío en la noche (Play Misty for Me, 1971), etc., en mi cine-club en la universidad. También escribí en una de las primeras revistas de cine que recibió Harry el sucio (Dirty Harry, 1971) críticamente a causa de su ideología (algo que sigue siendo aún correcto, creo). Le había conocido y entrevistado. Pensaba y luego lo dije cuando propuse el libro que “más allá de su imagen publicitaría, él debía de ser un tipo más parecido a Harry, el sucio, de lo que trata de aparentar”. Mi ideología es de izquierdas, así que su punto de vista fundamentalmente republicano, que está reflejado en su vida y su obra, me atraía como un reto: el ser capaz de comprenderlo y explicarlo. Por otro lado, soy defensor de “la política de los autores”, y creo, sinceramente, que Clint es uno de ellos, tanto como actor como director, aunque de manera distinta. Mi libro sigue mucho la idea del cine de autor, explicando muchas cosas sobre él y sus películas, me parece, en su defensa. Esos eran mis retos principales.
¿Que hay de la presunta objetividad necesaria del biógrafo?
Bueno, eso de la neutralidad es un mito. También lo de la objetividad dentro del género biográfico o en el periodismo. Tomando partido por un punto de vista determinado, uno se acerca mucho más a la verdad que pretendiendo ser neutral. Existe una obligación de ser justo y preciso, desde luego, y yo me enorgullezco de mi ecuanimidad y mi exactitud. En el caso de Clint, tres motivos me decidieron a escribir un libro que perfectamente podría haberse titulado Anti-Clint. Uno, Richard Schickel estaba escribiendo un libro servilmente admirativo sobre él a la misma vez que yo, por el que le pagaban mejor. Así que pensé que Clint no necesitaba ser adulado por otro biógrafo por el momento. Dos, casi todo el mundo con el que me puse en contacto, personas en el entorno personal y profesional de Clint, hablaban de él en idénticos términos. No quiero resumirlo en una sola palabra, pero iba en la misma línea que mi comentario sobre que él estaba más cercano a Harry, el sucio, de lo que la publicidad quería admitir. En fin, ese algo fue tomando la forma de un retrato generalmente poco halagador y, desde mi punto de vista, nada artístico. Pero siempre coincidiendo en que Clint, con mucha decisión, había creado, inteligentemente y con mucho éxito, una imagen y una carrera propias muy bien vistas. Esa cualidad suya de hombre de negocios representa una buena parte del libro. El tercer motivo era que, si lees los artículos y el resto de los libros sobre Clint, el 99% de ellos eran, simple y llanamente, pura publicidad. Sentía que muchos de ellos (¡y los he leído todos!) eran, además, falsos. Así que, al final, pensé que el mundo podría soportar una visión que fuese la antítesis de la del patriota-estrella-de-Hollywood, etc.
¿Cómo explicarías su personalidad (y su cine) brevemente?
A él le gusta quitarse la camiseta delante de la cámara. Le gusta que mujeres jóvenes vayan detrás de él en sus películas. Le encantan las secuencias en la que demuestra que le gusta la gente de color (aunque, a veces, también apuntarles a la cara con su pistola). Adora la idea de la venganza y las escenas excesivamente violentas. Rara vez le vemos, en una película, en su vida doméstica con una mujer. Bebe cerveza y empieza peleas en los bares de forma recurrente. Le gustan los coches veloces y muchos planos de la insignia de General Motors. El jazz, desde luego, pero también la música country. Prefiere hacer pocas tomas, de modo que, así, casi todo el material se utiliza en la película. No pule mucho los guiones ni le gusta demasiado el trabajo con los actores. Bueno, en fin, todo esto y mucho más está en el libro perfectamente detallado y documentado. Y todo, desde luego, incidiendo mucho en su posición de autor (en términos de repetición e insistencia de temas, elementos visuales, personajes...). Algunas de esas cosas, en mi opinión, no hacen de él necesariamente un artista.
Hablando de documentación, tus libros son un ejemplo de rigor a la hora de documentarte, repasar bibliografía, archivos, testimonio, etc. Pero, como en el ejemplo del árbol que no permite ver el bosque, ¿cuándo toda esa documentación puede volverse más un estorbo que una ayuda?
La documentación es especialmente molesta cuando uno considera que ha terminado ya el trabajo. También, cuando la información es conflictiva, contradictoria. Buena parte de la labor de documentación es un trabajo de investigación. Es decir, algo subjetivo y no objetivo. Al fin y al cabo, al final, es uno mismo el que ha de decidir qué información es la verdadera y cuál es la realmente importante. Escribiendo sobre Clint, mi abogado alabó mi decisión de prescindir de determinadas cosas que hubiera sido fácil incluir en el libro, pero que le habrían mostrado de una forma aún más negativa. ¡Sondra Locke cree que le he dejado pasar demasiadas cosas a Clint! Sin embargo, se crea o no, mi intención fue la de lograr un cierto equilibrio.
Todo el mundo sabe que Eastwood estuvo en contra de tu libro desde el principio, que te amenazó con denunciarte (demandándote por diez millones de dólares) por difamación, pero que finalmente llegasteis a un acuerdo. ¿Qué puedes contarnos de todo esto? ¿Es la persona más “complicada” sobre la que has escrito?
Clint demanda a un montón de gente. Es parte de la historia de su vida. En el libro doy cuenta de varios juicios y demandas, incluso algunos que se supone son inaccesibles para la opinión pública, porque uno de los trucos judiciales de Clint es llegar a un acuerdo, pero mantener los detalles del mismo en secreto. De hecho, para el libro, hablé con determinadas personas que sólo podían contarme ciertos hechos hasta un punto concreto. Uno de ellos era el guionista de sus “películas con mono”, ya sabéis Duro de pelar (Every Which Way But Loose, 1978) y todo eso, al que Clint denunció. Nada sobre el acuerdo al que llegaron. Así que, aún queda mucho por contar. Mi caso fue lo mismo: llegamos a un acuerdo, pero cualquier discusión pública sobre él mismo queda prohibida como parte del mismo acuerdo. No pagué un céntimo en costas legales o indemnizaciones; admitimos que no había habido mala intención por mi parte, e introducir algunos cambios en pequeños fragmentos del libro si es que se reedita o actualiza en el futuro (como ha sido el caso de la edición española; a pesar de lo cual, creo que la fuerza de mi retrato de Clint aún está intacta en ella). En fin, en los Estados Unidos se puede comprar el libro tal y como lo escribí tras el acuerdo, y se puede seguir comprándolo así hoy en día. Así que, seguro que podéis imaginaros qué es lo que sucedió, ¿eh? A Clint le encantan los litigios, ¡justo contra lo que se supone que está Harry, el sucio (y la mayoría de los republicanos)! En fin, esas contradicciones suyas, sus secretos, son las cosas que hacen de él alguien interesante para escribir su biografía. Y me siento muy orgulloso del libro. La demanda es sólo una especie de medalla al valor. Me alegro de haber sobrevivido.
Declaraciones con el autor recogidas por e-mail en febrero de 2010
Edita: Islamorada ediciones
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