Newsletter
0 Arte
De pictura, en defensa de la belleza

Dedicar una exposición a la defensa de la belleza es suponer que ésta está siendo atacada, ya que las artes actuales, como dice Umberto Eco, no pretenden ofrecernos la contemplación de formas armónicas y por tanto que debe reivindicarse la actualidad y la vigencia de la belleza.


Esta exposición que adopta como nombre, un viejo tratado de Leone Battista Alberti sobre la pintura, quiere afirmar de manera rotunda la pervivencia de sus reglas, el buen uso de la composición, la permanencia de las leyes de la perspectiva y la idea de los géneros como universos temáticos coherentes.


Aunque resumirla en pocas palabras siempre resulte difícil y empobrecedor, la belleza según Alberti, es fruto de la proporción y medida y por tanto armonía, es autónoma y por tanto sujeta a la razón, es serena y sensual y por tanto natural. Las proporciones entre las cosas representadas, no son designio del capricho o del azar, sino consecuencia de la adecuación a un orden natural y por tanto asumen un sentido teleológico. El canon estético que Alberti propuso, fue atacado desde la pintura de manera rotunda con el avenimiento de las vanguardias. La pintura sufrirá, desde entonces, numerosas “ crisis de identidad”, que la apartarán de la representación de la naturaleza, de las leyes de la perspectiva, de una idea estable de belleza.


Será la fotografía la depositaria de esa tradición centenaria, la fotografía encontrará en la tradición pictórica y muy especialmente gracias a uno de sus movimientos más universales, el pictorialismo, un catálogo de imágenes, formas de utilizar el color y la luz, un repertorio de temas, maneras de construir encuadres o ejercicios de composición. Desde ese preciso instante, la sintaxis fotográfica se pondrá al servicio de los géneros de la pintura: retrato, desnudo, naturaleza muerta y paisaje.


Si esta idea fue válida en la fecha de invención de la cámara, es en la actualidad, desde la postmodernidad donde con más fuerza revive, ya que se ha instalado en nuestros días un modelo de fotografía escenificada, que utiliza el remake como recurso creativo y la mirada atenta a la pintura, sus géneros y mitologías como marco de reflexión.


Jeff Wall, fotógrafo totémico de la postmodernidad dirá: ‘La naturaleza es el medio por el que la belleza y la complejidad se unen. Y la naturaleza es la primera referencia del arte’, casi seis siglos más tarde que Alberti. La demostración de esta tesis, como no puede ser de otra manera en una exposición, viene avalada por la confrontación de pasado y presente, con la presentación de un grupo de fotógrafos internacionales de contrastado renombre agrupados bajo el disímil paraguas de un nuevo pictorialismo, quienes revisitan las grandes mitologías de la pintura de Mantegna, Caravaggio o Velázquez en unos casos o en otros adoptan modos, temas o sintaxis pictóricas.


¿Cómo son los nuevos géneros?


El balance de lo que es el retrato como sede simbólica de la identidad, que se obtiene de confrontar, en esta exposición, las pinturas con las fotografías Pierre Gonnord y Erwin Olaf, supone que en este caso, subsiste la genealogía del retrato y sus reglas inveteradas, y se niega la noción de progreso por su disposición de los códigos del pasado en la interpretación y definición del presente.


El análisis del desnudo, combate entre el deseo erótico y la razón, vendrá de revivir la pasión contrarreformista de un neobarroco como Javier Velasco que someterán a la carne a suerte de tormento en pos de una liberación. En otro caso como en el de la fotógrafa gallega Victoria Diehl, la carne será mitad mármol, alabastro, granito y mitad mortal para dar idea del dolor de lo humano y del goce de lo divino. Finalmente Anthony Crossfiled hablara de lo corporal como mutación como intercambio como intersubjetividad, a través de sus fotografías.


En el paisaje, en un caso se coteja la naturaleza amable con la naturaleza herida de Peter Thomsen, y en otros, la representación de lo natural se traslada desde la óptica del goce de los sentidos en el caso de Ellen Kooi o de Carlos Cid hasta la denuncia explícita de la destrucción del entorno.


La naturaleza muerta, quizá el más simbólico de los géneros de la pintura, expresión de la fugacidad de la vida y de la vanidad de las cosas mundanas, recala en el neomanierismo poético de Manuel Vilariño o en otros casos como en Peyrotau & Sediles cuenta nuestro vacío, nuestro dolor, nuestra náusea, nuestro miedo, la crisis por el simple hecho de existir.


Respecto a la pintura de Historia, el centro de gravedad de la representación pictórica pasa del "Cielo a la tierra", cuando parecía que no había nada digno de contar, en un intento por "modernizar el contenido", aparece en escena lo asimbólico, lo banal, lo grotesco e incluso lo inmoral. En ese entorno estético se explica la obra de Goya, sus Caprichos, sus Desastres, sus pinturas negras recreados por Yasumasa Morimura como una suerte de delirio autobiográfico del mundo actual. Donde Goya pone garrotes o fusiles, Morimura introduce martillos o cazas de guerra, donde hay monstruos pone personajes de carnaval chino, donde hay un aquelarre de brujas se multiplica él mismo.


El supuesto del que parten Anthony Gayton y Erwin Olaf es otro, quizá su mirada sea imitativa, cómplice, devota de la gran pintura de Caravaggio y como en él, sus imágenes poseen la fuerza del naturalismo que cautiva y deslumbra. Gayton comparte con el maestro, la esfera de lo dramático, de lo teatral, la obsesión por la perfección en el detalle, por el preciosismo de la textura y del color, y la afección por un tenebrismo tan violento como hermoso. Como afirma Calvo Serraller “ Los géneros han sobrevivido al más puro informalismo”, y a pesar por tanto de la gran denostación que la modernidad impuso, la experiencia estética puede y debe seguir siendo un acto agradable y sereno.





Búsqueda  
 

Edita: Islamorada ediciones
Publicidad: 607 738 033 · Redacción: 667 667 816 ·
MU no se hace responsable de las opiniones de nuestros colaboradores. MU es una marca registrada.