Su estudio temporal está ubicado estratégicamente en uno de los entornos más privilegiados del mundo. El conocido como “complejo español del Gianicolo” formado por la Iglesia de San Pietro in Montoro, el templete de Bramante (donde se supone sufrió torturas el apóstol San Pedro), la villa Vaini (actual residencia del embajador español en Roma), el Liceo Español Cervantes y la Real Academia Española, es el lugar donde Santiago Morilla trabaja incansablemente en busca de empaparse al máximo del arte que inunda cada rincón de la ciudad más bella del mundo.
Fue el pasado mes de Septiembre cuando comenzó el que es hasta la fecha su proyecto más ambicioso. Y no es para menos, ya que tiene por delante un año de retos y desafíos. Licenciado en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid y especializado en Arte Digital e Interactivo por la Universidad de Arte y Diseño de Helsinki (TAIK), comienza su andadura artística profesional en el 1998. Diez años después y tras pasar por algunos de los estudios creativos más importantes del panorama nacional, impartir conferencias y participar en proyectos internacionales como la "ilustración" del nuevo AIRBUS 380 “Alas al Viento” con el escritor Eric Orsenna, se centra en su faceta artística.
Ciudades como Bratislava, Estocolmo e incluso Brooklyn ya han visto expuestas su trabajo, aunque ha sido en Madrid donde se han podido y pueden ver sus trabajos más relevantes como el mural de 300m2 que decora la fachada del edificio “La maison de la lanterne rouge” en el número 4 de la castiza calle Ballesta en pleno centro de Madrid. En su reciente currículum artístico destaca su colección en cerámica “Anthropofungo” realizada en colaboración con la ceramista Marre Moerel o su exitosa última muestra individual denominada "Allí donde está la caza" en la Galería Luís Gaspar. El mundo animal sigue estando en la cabeza de este joven artista de apenas treinta y pocos años que sabe mirar muy alto. Tan arriba que ha encontrado en las bandadas de estorninos que sobrevuelan el foro romano su inspiración más relevante. En soporte papel de grandes dimensiones, traza sin cesar bestias voladoras humanizadas con las líneas delicadas que han terminado por convertirse en su inigualable sello característico. Una de sus obras ya preside la entrada de su estudio dando la bienvenida a todos los amantes del arte con mayúsculas y alguna más puede ser admirada en las paredes de las laberínticas calles del Trastévere romano como preámbulo de su macro proyecto “Città Íbrida: Hibridación y escenario urbano".
Gracias a la beca concedida por la Real Academia Española en Roma, Santiago Morilla tiene la oportunidad de situarse a la altura de antecesores ilustres que también encontraron su refugio temporal de inspiración entre las paredes de la institución fundada en 1873 gracias al impulso del político Emilio Castelar y que tuvo en Manuel de Valle Inclán a uno de sus magnánimos directores. Artistas de la talla de Ruperto Chapí, Tomás Bretón o escultores como Agustín Querol o Mariano Benlliure caminaron en su momento por el mismo claustro por el que hoy pasea Santiago Morilla en busca de inspiración para su obra artística. Estamos convencidos de que la hallará y la moldeará a su gusto. Mientras alza sus ojos admirando el vuelo de los estorninos que jalonan el cielo, pone los pies en la tierra de la que en 1872 Stendhal afirmó expresivamente: “Esta mañana me encontraba en San Pietro in Montoro…hacía un sol magnífico…me sentía feliz de vivir, este lugar es único en el mundo.”
Por Juan Carlos Monroy
Edita: Islamorada ediciones
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