Newsletter
0 Graffiti
Manuel Mesa - Manifiesto - Graffitero total

Siempre ha sido muy divertido, bombardear mi nombre por la ciudad, la competición con los demás escritores (cosa que aún no ha cambiado), y de vez en cuando alguna que otra persecución que no siempre ha acabado con un final feliz.


El graffiti siempre ha sido muy polémico y lo seguirá siendo ya que su esencia reside en bombardear tu nombre por todas partes, ya sean muros legales o ilegales: de ahí su mala fama. En mi caso yo sé dónde puedo y no puedo pintar, normalmente no tengo problemas ya que suelo pintar en sitios abandonados o escondidos, de hecho tendré muchos murales que sólo ven las cabras que pasan por allí. Sitios que si los encuentras es o por casualidad o porque alguien te dijo donde estaban; hay que llegar hasta ellos. Estos sitios tienen un encanto particular, ya que son lugares más íntimos, dejados de la mano del hombre, donde la naturaleza acaba formando parte del muro y el graffiti del entorno que le rodea, es más bonito, a mí personalmente me da mucho juego. Pero vamos, si me gusta un muro sea legal o ilegal, lo pinto.


Desde que empecé en esto, hasta el día de hoy, he trabajado casi todos los estilos desde el wild style hasta el 3D, he pintado murales y vándalos, pero el graffiti está lleno de reglas y normas; un día decidí romper con todo eso, me busqué mi propio concepto, encontré un nuevo nombre y me inventé mi propio juego. Aunque de vez en cuando me encanta quedar con mis amigos de siempre, comprar un montón de colores y pintar una pieza a la antigua usanza, ya que “zousen” es mi esencia y es lo que me ha llevado hasta donde estoy.


Pienso que cada uno debe hacer lo que innatamente sabe hacer y es por eso por lo que hoy en día me decanté por el realismo, desde pequeño se me ha dado bien esta rama, me encuentro muy a gusto expresándome así. Además, cuando pintaba graffiti abstracto mis piezas sólo las entendía la gente que me conocía. Al pasar a la figuración, personalmente lo veo todo desde otra perspectiva, veo mi obra mucho más profunda y psicológica, y lo mejor de todo es que la entiende todo el mundo, sea cual sea el ambiente de donde provenga.


Pinto cuervos, porque dan miedo, me da mucho juego el negro, es como dibujar pero con spray. Pintar un cuervo es pintar la maldad natural que llevamos dentro. No es que sea una persona violenta ni mucho menos, para nada me gustan las peleas. Prefiero pasear de noche, o coger la bici por el campo y encontrar casas abandonadas que en su tiempo tuvieron una función, formaron parte de una historia y hoy en día lo mismo está llena de indigentes, es por eso, que en esos sitios pinto cuervos, en esos lugares por donde te da respeto pasar.


Cuando pinto este icono juego con todo el entorno que lo rodea, la pieza, el muro y el sitio que acaba uniéndose todo en una misma cosa. Me dan morbo esos lugares donde no hay nadie, me gusta mucho la soledad que hay en la calle por la noche, y es en una situación así donde podrías cruzarte con gente peligrosa, es ahí donde creo esta criatura llena de maldad que te impone.


Pero bueno, no todo es pintar cuervos, ahora mismo aparte de estudiar tengo muchos proyectos en mente. La posibilidad que tienes de llegar a tanta gente pintando en la calle hay que aprovecharla. Ahora mismo estoy retratando a mis amigos, a todo el que se pare y se fije les puedo contar algo sobre ellos, una situación en la que me haya encontrado, o sobre mí. Intento que ese trozo de muro que pinte sea una graffiti que contraste con el agobio, la rapidez, la multitud que hay en la calle, que te transmita calma y te inquiete, que sea estático.


También me gusta pintar peces, me voy a la pescadería y hago una sesión fotográfica a los pescados. Cuando sacas un pez fuera del agua, y no para de moverse porque lo sacas de su entorno para meterlo en el tuyo, va asfixiándose poco a poco hasta que se muere. Lo mismo sí vuelves a soltarlo en el agua, a los tres segundos se le olvida todo y vuelve a dar vueltas en su mundo en busca de comida hasta que vuelve a picar otra vez. Lo veo como una metáfora de nuestra vida, nosotros también nos ahogamos en nuestro mar urbano, por la contaminación, el agobio, la multitud, y no paramos de andar, de dar las mismas vueltas por culpa de una rutina aburrida mientras pensamos en nuestras cosas, aunque en verano nos vamos de vacaciones para despejarnos del trabajo, y cuando termina volvemos a esa realidad que nos sumerge, la cual habíamos olvidado por unos meses o unas semanas.


Finalmente, al igual que todo cambia naturalmente, todo resulta efímero. Con el graffiti pasa lo mismo, todo queda en un residuo fotográfico, en un bonito recuerdo.





Búsqueda  
 

Edita: Islamorada ediciones
Publicidad: 607 738 033 · Redacción: 667 667 816 ·
MU no se hace responsable de las opiniones de nuestros colaboradores. MU es una marca registrada.