Los grabados y monotipos de Fernanda Staude (Buenos Aires, 1974) me transportan a otros tiempos; hay algo anacrónico en su trabajo que respira el espíritu de tiempos pasados, quizás mezclados con los tiempos aún por venir. Si afino el olfato puedo percibir en algunas de sus obras una nota perfumada de Paul Klee, de Egon Schiele y hasta de Dr. Seuss y su ‘The Cat in the Hat’, aunque éste último muy sutilmente. En los bellos grabados de Staude veo arquitectura e inteligencia, también historias y sobre todo pensamientos. La belleza estética está impregnada de agudeza intelectual y racional, y los sentimientos, que también se pasean por sus piezas, están calmamente reposando bajo el poder de la intelectualidad y la sensatez. El arte de Fernanda es muy ecuánime, los colores acariciantes, las líneas potentes y equilibradas; un arte bien cimentado en la tierra que no vacila.
MU –¿En qué momento de tu vida decidiste ser artista de mayor?
Fernanda Staude –Cuando nacemos necesitamos comunicarnos, lo primero que hacemos es llorar o reír, luego decimos las primeras palabras y como paso previo a la escritura aprendemos a dibujar. Creo que yo me quedé en ese paso e hice de él mi manera de comunicarme con el mundo.
No sé si recuerdo un momento puntual en mi vida en el cual decidí ser artista plástica de mayor. Sin embargo hay una anécdota que mi padre siempre me recuerda:
“A la edad de 5 años me contaste un sueño, perdías tu primer diente de leche y lo dibujabas en un papelito”.
Esa necesidad de capturar todo lo efímero, lo que se puede perder, lo que está en permanente cambio creo que es una constante en mi vida y en mi obra gráfica.
MU. –Sabrías definir el arte, ¿qué da?¿ por qué es importante?
F.S. –No es fácil encontrar un concepto preciso para definirlo porque el arte es un hacer, un crear continuo que va cambiando de significado y sentido a lo largo de la historia de la humanidad y también en el transcurso de nuestra propia vida. Creo que es algo que tiene una meta infinita, por lo tanto inalcanzable. Es una búsqueda constante de capturar y representar algo de lo humano, de lo que somos, de lo que vemos y sentimos.
El arte es algo, que por decirlo así, no sirve para nada, es decir no tiene por principio un fin utilitario y esto es lo más maravilloso porque en verdad la vida tampoco lo tiene y sin embargo necesitamos el arte para vivirla y quizás tratar de entenderla.
MU –¿Cómo es en tu opinión el “zeitgeist” (l`air du temps) del momento, o sea el espíritu de los tiempos?
F.S. –De cambio, de transformación de modelos de vida, de sociedad, de costumbres, de hábitos. Puedo pensarlo como un tiempo caótico cercano al que antecede al momento creativo. Ese momento creativo y de nacimiento de algo nuevo puede llegar pronto o no, de ahí la angustia y la incertidumbre que nos acompaña en esta época. Desde que tengo recuerdo pienso que este sistema en el que vivimos cada vez más salvaje e injusto tiene que llegar a su fin por propio desgaste. Puede ocurrir que el caos se estabilice como tal, sin dar lugar a lo nuevo y se consuma en la impotencia o en la representación de lo ya sabido, de lo gastado, del pesimismo y la desilusión. Pero creo que hay que transitar esto, es necesario para que germine algo nuevo.
MU –¿Piensas que vivimos un tiempo de mayor decadencia cultural en occidente que hace unos cien años?
F.S. –Muchas veces creo que todo tiempo pasado fue mejor, pero esta mirada romántica del pasado se debe a que no lo he vivido en mi propia piel.
El tiempo pone muchas cosas en su lugar y nos brinda una perspectiva más ventajosa a la hora de analizar un hecho histórico o cultural.
Poder ver y valorar la cultura cuando se está inmerso en ella es más difícil, sobre todo en la actualidad donde están pasando muchas cosas a nivel global y tenemos los medios de comunicación necesarios para acceder a toda esa información al mismo tiempo. Son tantos los frentes abiertos, tanta la información y tanta la manipulación y especulación que se hace con la cultura que lo único que puedo decir es que sí, creo que hay cosas en este momento con un buen nivel cultural pero que muchas veces lo que se difunde masivamente es muy pobre y lo que puede ser más rico e interesante hay que buscarlo con lupa filtrando muchas cosas.
Siento también, y tal vez contesto más a la otra pregunta, que el “zeitgeist” actual es la velocidad, la falta de tiempo para profundizar lo que se está haciendo, lo que está pasando. Los hechos, los acontecimientos pierden valor antes de que maduren, antes de que podamos asimilarlos. No creo que esto sea algo positivo de la cultura de nuestro tiempo.
MU. –¿Cómo vez el futuro?
F.S. –Trato siempre de ser optimista pero realista a la vez. No me desentiendo de aquellos aspectos negativos, enfermizos, decadentes, que tiene este momento actual, pero no dejo de tener en cuenta los pensamientos renovadores, las expectativas esperanzadas que tiene mucha gente, incluso sectores muy amplios de la población que luchan no sólo por adquirir mejores condiciones de vida sin por crear modelos de vida más cercanos a una creación del arte que a los fines puramente especulativos y utilitarios.
Pero con sinceridad, no veo ni un presente ni un futuro inmediato muy positivo.
Estamos viviendo una época muy compleja con un sistema económico y social agotado que no se sostiene por ningún lado.
Creo que todo el mal que se está haciendo al medio ambiente y a pueblos y sociedades enteras que están viviendo en estado de miseria absoluta no se podrá revertir en muchos años aún poniendo la mejor voluntad política y social, y cuesta mucho encontrar esa voluntad.
Pero espero que después del caos llegue la creación y un nuevo orden que pueda romper con la especulación y con el individualismo actual para crear una sociedad menos devoradora de todo lo que la rodea, más equitativa y mucho más justa.
MU. –¿Cómo es para ti el proceso de tu creación?
F.S. –En general parto de una idea a la cual en el momento en el que estoy trabajando no le hago mucho caso. La idea es solo un disparador, algo por lo que empezar a trabajar, es un motor. Luego la obra va creciendo sola, va tomando su camino, va pidiendo cosas, colores, líneas o nuevas ideas.
Durante el proceso de un trabajo puedes construir y destruir muchas cosas, no siempre se gana o se tiene el resultado que uno quiere, vas avanzando hasta que en un momento te paras y empiezas con otra obra.
Generalmente trabajo con más de una obra a la vez, imprimo una serie de grabados con una temática y luego voy trabajando sobre cada estampación como obra única.
Cuando la obra o la serie esta terminada me reencuentro con la idea, intento ver lo que pasó en el camino, nombrarlo, poner títulos y en general el concepto final no tiene que ver con la idea de partida.
MU. –¿Qué cosas te inspiran?
F.S. –Muchas y muy variadas, por suerte. Las producciones de otros- en el arte, en la ciencia, en la filosofía- muchas veces son importantes fuentes de inspiración o puntos de partida. Si embargo los acontecimientos de la vida cotidiana son para mí una nutriente constante. Tal vez sean estos pequeños acontecimientos cotidianos, el poder descubrir en ellos lo milagroso y efímero de la vida, a lo que estoy más atenta y lo que más me moviliza para trabajar.
MU. –¿Cómo ves a la mujer en el mundo occidental en este incipiente tercer milenio?
F.S. –Veo a las mujeres y a los hombres con un rol muy importante que es crear una nueva forma de relacionarnos y de permitirnos desarrollar nuestros intereses en forma conjunta y dialogada. Creo que la mujer demostró durante todo el siglo XX que tenía voz, tenía pensamientos, sentimientos y una mirada distinta a la del hombre.
Ahora creo que tenemos que volver a jugar en equipo pero repartiendo los papeles por necesidades y no por géneros. Ser realmente capaces de ver lo que hacemos bien y jugar con ese papel hasta el final.
Por Maximina Bescós
Edita: Islamorada ediciones
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