Regresó de Londres con un premio al mejor libro de fotografía erótica del año; la revista ‘Playboy’ alemana escogió una de sus imágenes para su monográfico sobre fotografía artística; ha publicado con Taschen; y varias revistas italianas han divulgado sus retratos. La situación, sin embargo, empieza a cambiar poco a poco. La edición española de “Avenue Illustrated” ha dedicado a Vargas el reportaje ‘Mirada cómplice’.
Se enamoró de la Belleza antes de alcanzar el uso de razón. Ajeno a las modas, ha ido elaborando un inmenso y particular mundo que combina con éxito tradición y contemporaneidad. Su obra se encuentra imbuida por el misterio surreal que imprimen las combinaciones imprevistas pero posibles, los espacios oníricos pero reconocibles, el erotismo turbador pero elegante. Todo apoyado con una técnica impecable y un sentido compositivo derivado de la tradición.
Las madonnas quizá sean lo más conocido de Vargas. Son retratos de mujeres en los que se entremezclan elementos contemporáneos con estéticas renacentistas y, ocasionalmente, barrocas. Es la cara más popular del fotógrafo, pero Vargas siente la necesidad de dar un giro a sus propuestas. «Quiero crear fotogramas en la vida de una mujer, mostrarla en un punto ante el cual el espectador se pregunte cómo ha llegado hasta ahí y qué ocurrirá a partir de entonces», explica.
El cambio de rumbo supondría otra forma de trabajar, como dar protagonismo al formato horizontal para que el escenario de la fotografía no sea un mero accesorio. «Me apetece construir escenas inquietas que den pie a una narración y, sobre todo, iluminar mis fotografías», comenta. Todo apunta a que Vargas está cerca de un nuevo comienzo.
Edita: Islamorada ediciones
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