Encuentras tu fe en el instinto y tras una expresión animal de fuerza,
de hambre, de ira, marcas tu territorio con poesía.
Estás fuera del tiempo, viajando. Yo estaba en el pequeño pueblo de
Koprivshtitsa, en los balcanes, en Bulgaria. En una pequeña iglesia
ortodoxa, buscando a Dios. Con la fotógrafa Nina Nikolova,
quien me cedió su trabajo para los collages de las esculturas. Estos
textos y piezas son el resultado de aquella búsqueda.
Le vi cruzar el espejo con su traje de carne sin misericordia,
con sus manos locas de cera resucitada.
Le vi cruzar en el grito original,
y en su rostro había niños de sueño,
perdidos.
Cruzó con sus pies descalzos,
y de sus heridas manaban leche y versos.
Sus vértebras iban tejiendo un hambre despierto,
y no habrá carne que la calme
ni tierra que cubra su cuerpo.
Tocó mis manos de furia,
mis manos dulces de sangre,
mis manos sin regreso al paraíso,
las manos que romperán mi inocencia.
Ahora escribo con ellas;
Libérate, asume al gran caníbal.
Edita: Islamorada ediciones
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