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Neoexpresionismo -Jorge Rando y la poética del expresionismo: un grito que rompe el silencio

Por Pablo Blázquez


La obra pictórica de Jorge Rando (Málaga, 1941) conserva la fuerza del expresionismo clásico y se presenta ante el espectador como la traslación hacia un universo donde la libertad y la pureza son todavía posibles. A través de la espiritualidad y de ese viaje hacia la realidad interior tan presente en las fuentes de las que bebe su obra nos permite escapar (o evadirnos, al menos) de la mediocridad de nuestro tiempo.


De la experiencia vital del artista, que con apenas veinte años se fue a vivir a Alemania, tras completar sus estudios de Filosofía y Teología, se deduce la intensa comunión entre su obra y la cultura germánica y centroeuropea. “Es una consecuencia lógica de mi vida en Alemania”, afirma Rando, que en 1984 decidió volver a pasar largas temporadas en su ciudad natal, donde en estos días se ponen los últimos cimientos del museo y de la fundación que llevarán su nombre y cuyo propósito no es otro que “potenciar el estudio de la poética del expresionismo”, un territorio extensísimo pero insuficientemente explorado en España.


Para Rando la abstracción es un camino de ida y vuelta donde el punto de partida es el realismo. “El artista lo único que hace es recrear porque el único Creador es Dios […] Cada pincelada es un camino nuevo que se materializa a veces a través de la abstracción, a veces a través de la concepción. Hay que llegar a la quinta dimensión, donde la pintura tenga vida propia. El pintor debe perder protagonismo frente a la obra, que se pintaría a sí misma, y convertirse en un mero instrumento”, explica.


En ocasiones, como ocurre en la serie temática dedicada a las prostitutas, la mirada empañada de humanismo del artista se convierte en el desgarramiento de una situación lacerante que, aunque no pretende ser explícitamente denunciada, sí es dotada de un espacio artístico y profundo en el que la inquietud y la preocupación del artista ante determinadas realidades de nuestro siglo dialogan con el horror y le miran directamente a los ojos.


Otras veces, como en su serie Tauromaquias, el artista sucumbe ante la belleza de los movimientos y convierte el lienzo en el lugar donde, a través de una excitante y original profusión de colores, el hombre y la bestia danzan en un ritual de una gran belleza plástica en el que la sangre no tiñe de rojo unas pinturas que, paradójicamente, nunca evocan la muerte.


Hasta el 29 de mayo, la sede madrileña de la galería Víctor I Fills nos brinda la oportunidad de disfrutar de su arte con la muestra La fuerza de la expresión, que reúne una treintena de obras neoexpresionistas del artista, sobre todo óleos pero también algunos dibujos y una escultura de bronce, realizadas entre 1973 y 2008. Yo, si fuese tú, no me lo perdería. La pintura de Rando es un grito. Un grito que rompe el silencio. Y que no sólo procede de la oscuridad.





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Edita: Islamorada ediciones
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