Arquitecto de formación y pintor por vocación, cimentado en la coherencia de su perspectiva, en la frescura de su pincelada directa intuimos el arte de sus maestros. Es más, la podemos sentir en esa luminosa mañana de la Plaza de la Cebada, más allá de la fantástica fachada de La Chata o en la terraza de la Chocolatería San Ginés.
Es un Madrid que se huele, se toca, se escucha, y para quien lo sabe ver, se mira.
Madrid a través de sus bares
Si hay algo que caracteriza a Madrid, que lo significa respecto a cualquier otra ciudad del mundo, se podría decir sin temor a equivocarse que es su abundancia, nunca en exceso, en tabernas, bares, restaurantes, mesones. Desde el ”bar de la esquina”, que de buena mañana nos ofrece ese café con porras típico madrileño y de no tan buena el aperitivo, casi inexcusable por estos lares, hasta el más prestigioso de los restaurantes que puedas querer encontrar, pasando por los mesones y tabernas que riegan, nunca mejor dicho, la ciudad.
Un paseo por la Plaza Mayor, por la Cava Baja, la plaza de Santa Ana y Huertas, Ópera y los alrededores del Palacio Real, el barrio de Chueca, Latina, y tantos lugares emblemáticos que resultaría embarazoso, por la más que probable omisión de alguno de ellos, seguir enumerando, dan buena fe de ello.
Pero no sólo en el centro, al modo de otras ciudades del mundo que tienen concentrado sus servicios por zonas, encontramos bares, restaurantes, mesones, ¡ni mucho menos!. También hacen su acto de presencia en los “confines” madrileños, entiéndase por confines la Plaza de Castilla o Vallecas, por nombrar dos barrios opuestos geográficamente. No es nada fácil encontrar una calle que carezca de su bar.
Confesiones
‘Inicié mi andadura profesional en este mundo del arte pintando Madrid, acompañado de los compañeros de la facultad de arquitectura y no he dejado de hacerlo, con más o menos asiduidad, con mayor o menor acierto, desde entonces.
Hace un tiempo me venía rondando una idea relacionada precisamente con este tema de Madrid, la pintura (mi pintura, vaya), los bares. Estaba ahí, aunque no era nada fácil asirla por su magnitud; siempre existía un sí, estaría bien, pero…y ahí aparecía el freno, la excusa, o sencillamente el no tener del todo claro el qué y el cómo.
Se me ocurrió que por qué no, pintar Madrid, sí, Madrid, todo Madrid, a través de los bares, tabernas y restaurantes que hay en él,…¿o fue al revés?. Llevo ya unos meses inmerso en ello y no tengo claro cómo empezó, es la historia del huevo y la gallina. Madrid y los bares, los bares y Madrid. Más bien fue esto último.
Me di cuenta de que si llegaba a realizar una obra, obra de arte, ¡claro!, líbrenme de enredar a los dueños de todos los bares de Madrid en una obra de las de yeso y pintura, esa ya la hacen ellos para mantener su local en las mejores condiciones posibles y así facilitar el esparcimiento de las gentes que los visitan, decía que si llegaba a realizar una obra de todos y cada uno de los bares que hay en la ciudad quedaría prácticamente reflejada la totalidad de ella.
Sus gentes, sus rincones, balconadas y farolas, las zonas peatonales y no tanto, esas terrazas, tan de aquí, llenas de vida, y tantos matices que probablemente se me escapan pero que con toda seguridad no lo harán a mi pincel.
Más allá de la gran importancia que como documentación gráfica de la ciudad puede llegar a alcanzar una vez finalizado, me planteo este proyecto con dos objetivos.
En Madrid hay establecimientos que se embellecen con alguna de mis acuarelas, (El Bistrot Maximiliam de la calle Santiago, El Viva Madrid, La Suiza, Cervecería Santa Ana, El Callejón de Madrid, Don Paco…), ¿por qué no volcar un detalle de mi arte en todos? ¿Es una quimera pensar en que haya un cuadro mío en cada bar, en cada restaurante, cada taberna, que se represente a sí misma? ¿Es una locura tomar Madrid por una casi infinita, inabarcable sala de exposiciones en las que cada bar sea una escarpia en la pared, y cada fachada un tema que representar? Sí, evidentemente lo es. Lo es si se piensa en todos y cada uno, pero no si se piensa en una gran o una no tan gran parte de ellos.
Y como intención última, (o primera, volvemos al huevo y la gallina…) queremos plasmar el trabajo en un gran libro o colección de ellos, que sirva además como gran guía gastronómica de Madrid.
Hace unos meses me puse manos a la obra, y lo que empezó siendo un proyecto prácticamente inimaginable va tomando cuerpo. En gran parte gracias al apoyo que estoy recibiendo por parte de los propietarios de los casi ochocientos establecimientos que llevo pintados hasta la fecha; gentes como Lucio, Botín, o José Luis, entre otros cientos, nos han abierto sus puertas sin ningún tipo de traba. Y por supuesto por la colaboración de Clara, gran artista y compañera inseparable, que trabaja conmigo sin desmayo.
La calle, una tabla, un papel, unos pinceles y acuarela eran mis “armas”. Armas que he ido afilando con el paso del tiempo y que espero me ayuden a desarrollar esta locura en la que me veo inmerso.’
Edita: Islamorada ediciones
Publicidad: 607 738 033 · Redacción: 667 667 816 ·
MU no se hace responsable de las opiniones de nuestros colaboradores. MU es una marca registrada.